A las afueras de Cuenca se encuentra la parroquia Cumbe, en la cual se desarrolla la historia que contaré.
Según Emérita Jiménez, quien vivió durante su niñez en este lugar, hace más o menos 60 años según le hicieron saber sus abuelos, en Rambrán una llanura que se ubica un poco más arriba de Cumbe moraba la familia Matute que se dedicaba a la crianza de ganado y a la venta de lo que sembraban, dicha familia estaba conformada por 8 personas, 2 padres y 6 hijos, 5 varones y una mujer que era la penúltima de la prole.
Por ser la única mujer sus padres y sus 5 hermanos sobreprotegían a la chica, ni si quiera la dejaban acercarse a la gente, tanta era la sobreprotección que los vecinos del lugar conocían los nombres de toda la familia menos el de la niña.
De aquella niña que apodaron la desconocida o la sin nombre sólo se sabía que era muy bonita o al menos eso aseguraban las personas que decían haberla visto de cerca, ésta afirmación obviamente llamó la atención de todos los jóvenes del lugar que querían conocerla de cualquier manera.
Un chico de más o menos 16 años de nombre Pablo era uno de estos adolescentes, así haciéndose pasar por un mensajero de las haciendas aledañas decidió visitar la casa de los Matute con el fin de conocer a la chica, y pues así fue.
Se dice que cuando Pablo la miró quedó impresionado por su belleza y no dudó ni un segundo seguir visitándola a escondidas. Al pasar del tiempo empezaron las murmuraciones en la llanura ya que todos los días los vecinos veían subir a Pablo a una montaña cercana a la casa de los Matute en compañía de una muchacha tapada el rostro, quien obviamente suponían que era la niña sin nombre, ya que allí todos se conocían y la única apartada del pueblo era la chica.
Al enterarse de dichos murmullos, el padre de la chica se encargó de desaparecer a Pablo y aunque no se sabe como el hecho es que jamás se volvió a ver al muchacho
Lo que no había cambiado es que todas las noches unas horas antes del amanecer la niña tapada el rostro subía a la montaña a la que antes iba con Pablo, a llorar la muerte de su amado según contaron los vecinos quienes aseguraron oír sus lamentos.
Al poco tiempo se llegó a saber que la niña había muerto de pulmonía según aseveraron sus padres o de amor según contaba la gallada.
En la montaña antes mencionada en la actualidad existe un árbol justo en medio de la cúspide, en donde con un cortado de navaja se encuentran grabadas las letras P y D, es por esto que se supone que aquí Pablo y la niña sin nombre se profesaron su amor, además la gente de Rambrán asegura que aún se escuchan los lamentos de la chiquilla.
Por las iníciales perpetuadas en el tronco la gente aún intenta adivinar el nombre de la niña, algunos dicen que se llamaba Daniela o Digna, pero la mayoría coinciden en que su nombre era Diana, claro que esto jamás se podrá comprobar ya que después del fallecimiento de la muchacha la familia Matute desapareció de la llanura.
Según Emérita Jiménez, quien vivió durante su niñez en este lugar, hace más o menos 60 años según le hicieron saber sus abuelos, en Rambrán una llanura que se ubica un poco más arriba de Cumbe moraba la familia Matute que se dedicaba a la crianza de ganado y a la venta de lo que sembraban, dicha familia estaba conformada por 8 personas, 2 padres y 6 hijos, 5 varones y una mujer que era la penúltima de la prole.
Por ser la única mujer sus padres y sus 5 hermanos sobreprotegían a la chica, ni si quiera la dejaban acercarse a la gente, tanta era la sobreprotección que los vecinos del lugar conocían los nombres de toda la familia menos el de la niña.
De aquella niña que apodaron la desconocida o la sin nombre sólo se sabía que era muy bonita o al menos eso aseguraban las personas que decían haberla visto de cerca, ésta afirmación obviamente llamó la atención de todos los jóvenes del lugar que querían conocerla de cualquier manera.
Un chico de más o menos 16 años de nombre Pablo era uno de estos adolescentes, así haciéndose pasar por un mensajero de las haciendas aledañas decidió visitar la casa de los Matute con el fin de conocer a la chica, y pues así fue.
Se dice que cuando Pablo la miró quedó impresionado por su belleza y no dudó ni un segundo seguir visitándola a escondidas. Al pasar del tiempo empezaron las murmuraciones en la llanura ya que todos los días los vecinos veían subir a Pablo a una montaña cercana a la casa de los Matute en compañía de una muchacha tapada el rostro, quien obviamente suponían que era la niña sin nombre, ya que allí todos se conocían y la única apartada del pueblo era la chica.
Al enterarse de dichos murmullos, el padre de la chica se encargó de desaparecer a Pablo y aunque no se sabe como el hecho es que jamás se volvió a ver al muchacho
Lo que no había cambiado es que todas las noches unas horas antes del amanecer la niña tapada el rostro subía a la montaña a la que antes iba con Pablo, a llorar la muerte de su amado según contaron los vecinos quienes aseguraron oír sus lamentos.
Al poco tiempo se llegó a saber que la niña había muerto de pulmonía según aseveraron sus padres o de amor según contaba la gallada.
En la montaña antes mencionada en la actualidad existe un árbol justo en medio de la cúspide, en donde con un cortado de navaja se encuentran grabadas las letras P y D, es por esto que se supone que aquí Pablo y la niña sin nombre se profesaron su amor, además la gente de Rambrán asegura que aún se escuchan los lamentos de la chiquilla.
Por las iníciales perpetuadas en el tronco la gente aún intenta adivinar el nombre de la niña, algunos dicen que se llamaba Daniela o Digna, pero la mayoría coinciden en que su nombre era Diana, claro que esto jamás se podrá comprobar ya que después del fallecimiento de la muchacha la familia Matute desapareció de la llanura.

No hay comentarios:
Publicar un comentario